martes, 23 de febrero de 2010

Y Bostezar en la Tormenta, jajaja


Desde hace mucho tiempo, he venido escribiendo una novela.
Mi hermano mayor me ha pasado esta obsesión por la literatura, y por ello decidí hacer la que escribo desde que tenía trece años.
Dan Brown decía que escribía para los lectores, es decir, alguna vez fue lector (como todos) y siempre quiso que alguien crease algo mucho más detectivesco, por lo tanto, y dado que nadie escribió como lo deseaba se puso a redactar, así nació el Código Da Vinci.
Yo no creo que escribir para los lectores sea un buen camino, yo siempre he pensado que el arte sale del corazón, y si se hacen las cosas mecánicas entonces no lo hicimos con el alma. Mi novela tiene mucho de mí, me enorgullece mucho saber que solo otra persona además de mí la ha leído (y eso con sus reservas porque la leyó cuando aún no terminaba la secundaria), no sé si su contenido sea totalmente inédito, pero si puedo decir que al releerla, el estilo, algunas palabras y hasta el tipo de letra (porque la escribo a mano) me transportan al lugar (emocional, físico) justo en que lo produje. Algo que me tiene muy consternada es que últimamente no he creado demasiado, creo que me he vuelto más creativa como solucionadora de problemas que como novelista, escuché por allí que algunas veces el entorno influye en la consagración de ideas, concluyo con ello que seguramente paso mucho tiempo haciendo cosas que carecen de calidad y las que la poseen son realmente pocas, el tiempo que paso con mi pareja por ejemplo es bastante enriquecedor e intenso.
Mi novela se llama "Y Bostezar en la Tormenta" suena bastante rimbombante, por eso me gustó ese título. Los personajes son los ideales de seres terrenales, y a pesar de ello es sumamente erótica, demasiado sensual diría yo. Por practicidad he eliminado los comentarios que hago sobre ella y he permitido que los personajes se expresen a sus anchas, de una vez menciono que se trata de una familia que se encuentra en problemas, lo demás es información clasificada.
Dudo que algún día alguien desee publicarla, al menos quisiera transcribirla para mi, de esa forma no tardaría siglos en descifrar aquellas patas de araña de los años noventa que yo llamaba letras.

martes, 9 de febrero de 2010

Extraña pasión: el cine

Mañana miércoles, el cine es (lo es en teoría) más barato. Se supone que los boletos están a mitad de precio. En México, las grandes empresas de cines intentan que la gente piense que realmente se está dando a un precio más bajo el boleto, cuando lo único que hacen es reducirle aproximadamente diez pesos. Fuera de todo eso, ir al cine es una adicción socialmente aceptable, podemos pensar que es un hábito bastante extraño que tenemos casi todos los seres humanos modernos (que vivimos en esta vacía y materialista vida).
Es extraño que viviendo la vida tan apresurada que llevamos ahora, podamos hacernos de tiempo para asistir al cine, con la finalidad de estar simplemente sentados durante dos horas o más, sin hacer ruido, sin hablar con el de al lado y de hecho, compartiendo el lugar con bastantes personas por llevar a cabo el siemple propósito de ver una historia en una pantalla jumbo. La razón quizá pueda ser el morbo colectivo que sin querer llevamos todos grabados en nuestros genes (un amigo bioquímico seguramente me regañará por el anterior comentario), morbo que nos hace buscar las endorfinas necesarias para producirnos placer de ver las situaciones de conflicto de alguna persona y cómo las soluciona o termina con ellas. Otra razón podría ser que una historia en una pantalla grande nos hace creer que no somos nosotros, como si fuesemos otra persona, la persona que vemos en la pantalla y vivimos sus aventuras, sus experiencias olvidandonos de nuestra (algunas veces, no hay que ser tan tajantes) caótica existencia.
Particularmente me declaro total fanática del cine, me encanta ver historias, pero extrañamente me gusta mucho más leer. Cuando leo me pierdo en el texto, olvido todo lo que hay a mi alrededor y me deleito con mi imaginación y con las palabras escritas por el autor, ¿será porque es un ejercicio un poco más intelectual?.
Con todo lo anterior acotado, no podemos comparar los dos artes, porque uno de ellos puede realizarse en pareja, con la familia o inclusive en solitario si así se desea, pero la lectura es un proceso más introspectivo, más intelectual. De los dos se aprende, de eso no me queda la menor duda, aunque si podemos decir que de la lectura podemos aprender a escribir de una forma más correcta (independientemente de que sea un texto técnico o científico) en cambio en el cine, no nos volvemos buenos directores de cine por ver muchas cintas, uno es más intelectual y el otro es más artista. Elegir a uno de los dos será determinado por los objetivos de la persona, pero yo creo que es mejor practicar ambos paralelamente, entiendase que se han hecho grandes películas inspiradas en buenos libros, además, el cine sería un fiasco sin los brillantes guiones de los que han practicado la lectura y la cinefilia simultáneamente.