Conocí al profesor Leonardo López Ruíz en Agosto de 2011, fue una cosa casual porque él se encontraba charlando efusivamente como acostumbraba con otro profesor de la carrera. Yo no había podido tomar una materia que él daba ya que la había tomado pero con muy pobres resultados, y no por él, si no por una profesora que hasta el momento es un fiasco. Recuerdo que le pregunté si él era el famoso profesor que daba esa materia y si me podía dar asesorías, me respondió que sí, me dio su correo electrónico y su número telefónico con tan solo haberle hablado una vez. Elaboré mi proyecto, y me preparé para el examen y me pasó con diez, fui muy feliz Ese mismo día le hice una invitación para que diese una materia en el
¿Soliloquios mentales?, sí, acertaron, es mucho más divertido cuando se acepta que la idea está muy trillada.
domingo, 11 de agosto de 2013
Promesas
Estuve pensando últimamente en lo que sucede con las promesas que no se cumplen, no porque no haya habido motivación de cumplirlas, si no porque la otra parte involucrada simplemente ya no se encuentra interesada en que se cumpla. ¿Qué pasa en esos casos?, ¿dónde van a parar todas las promesas que no se cumplen?, ¿hay algún cielo de las promesas, o alguna dimensión en donde sí se cumplen?, es decir, cuando una pareja ha roto su relación por algún motivo, o ha devenido la muerte de algun amigo involucrado en la promesa, cuando se acaban las relaciones, ¿simplemente se anulan las promesas y la esperanza de que se cumplieran?, al parecer todos lo vemos de esa manera, para nosotros no es peligroso romper una promesa cuando la base de ella también está roto, pero para saber más sobre lo que sucede con nuestras promesas debemos saber ¿qué es una promesa?
Etimológicamente podemos dividir la palabra promesa como "pro" o antes y "mesa" que significa algo así como salir o enviar, entonces quiere decir "algo que se hace antes de salir o se envía". En la actualidad este acto tiene cierto plazo de cumplimiento, puede entenderse más como un acuerdo entre dos partes en el que una de las dos partes se compromete a llevar a cabo algo por alguien con cierto sacrificio en caso de lograr otra cosa.
La finalidad de las promesas es que es una especie de juramento oral en el que se empeña más que nada el honor y la dignidad de las personas, y en caso de no cumplirse se ve afectado la imagen que tienen los demás de la persona, fuera de eso, no sucede nada... Si no pasa nada con las promesas incumplidas, ¿qué sentido tiene hacerlas?, lo único que se afecta al no cumplirlas es la credibilidad de la persona, aunque como decía un profe, "te vas acabando las cartas con cada excusa" y luego es imposible que alguien tenga confianza a menos que "se lo prometan" o "se lo juren".

Bajo todo este escenario, ¿será bueno creer en las promesas?, ¿no es mejor pensar que tal y como somos los humanos cambiantes y variables es casi imposible decir que algo se logrará porque no se sabe ni siquiera que es lo que se vivirá mañana? Yo creo que si se tienen tantas ganas de que algo se cumpla en un plazo de tiempo medianamente largo, es mejor jurar algo -si es que se está seguro de poder cumplirlo-, porque creo que esa frase tiene más misticismo, pues se atribuye a los juramentos que el nombre de dios está implícito en tus palabras, y no cumplirlo es la condena eterna del alma. En lo personal no creo mucho en eso, por ello nunca creo en las promesas, tampoco culpo a las personas que no las cumplen, pues no se está en el mismo periodo temporal para cumplirlo, las vidas de todos cambian continuamente, a menos que se tenga una bola de cristal se podría hacer promesas a diestra y siniestra, el honor y la dignidad de los hombres nunca sería mancillado, por lo tanto, creer en las promesas es como pensar que cualquier jugada al lanzar los dados nos hace ganar, es una jugada que solo decide el azar y no el destino.
sábado, 15 de junio de 2013
Manira
Recientemente, al ver a la hija de una amiga (amiga que es más grande que yo, por si se lo preguntaban) recordé las manías que cometemos en la adolescencia, porque la hijita de mi amiga es adolescente y aunque ha pasado tiempo que dejé de serlo, la niña me recordó a mi, porque había cosas tan similares en mi vida, sobre todo mis amigas. Recuerdo que en la secundaria, una escuela pública del Distrito Federal, había variados tipos de mujercitas, las clásicas chicas que atraían a todos porque estaban bastante más desarrolladitas que otras, las reventadas que al terminar la secundaria no estudiarían más (quizá ahorita tengan varios hijos), siguen las deportistas, que la mayoría de las veces eran malas en las demás clases, las exageradamente sozas pues no tenían alguna característica que las distinguiera, y, finalmente las weirdas, grupo al que pertenecían la mayoría de mis amigas y -orgullosamente- yo. Éste grupo era sumamente interesante porque había una niña que escribía cuentos, otra que se especializaba en una especie de diseño gráfico, otra que se empeñaba en ser nerd, una que hacía muy bonitos dibujos orientales y yo, que creaba novelas de amor apasionado.
Me encantaban las historias de amor, y sobra decir que a pesar de hacer tórridos relatos, aún no tenía acercamiento al sexo masculino, o al menos a otro sexo que me produjera dichas sensaciones, lo menciono, porque quizá de esa manera habría podido lograr avances en ese sentido en mis textos quizá ganando concursos o siendo invitada a participar en algo, en cambio, mi amiga Marina -que era la chica que dibujaba y sólo había tomado un año de dibujo en su anterior secundaria- había dominado ya tantas técnicas de dibujo que continuamente era ganadora de concursos en diversas categorías, ella tenía talento innato. Precisamente por ella recuerdo que cuando éramos adolescentes, a México no había llegado tan fuerte la moda de los Mangas, los cómics gringos tenían tanto tiempo que recuerdo que con ellos aprendí a leer los signos de admiración, el ánime también tenía tiempo aquí, pero los mangas eran muy escasos, y los que había estaban los más traducidos a un inglés muy parco y los más se habían quedado en el idioma en el que se habían producido directamente, para que Marina pudiera leer uno de esos pasaban meses en que llegaban a México, a veces no llegaba la saga completa y ella se quedaba sin leer el resto de la trama, situación muy frustante, para esos momentos, el internet empezaba a utilizarse para la vida diaria, pero digámos que se parecía un poco más a la Deep Web, casi nadie navegaba y menos para subirlos mangas a la red. Marina no era tan clavada como la hija de mi amiga (que todo lo quiere decir en japonés, chino o algun lenguaje derivado de la mala pronunciación mexicana), pero si coleccionaba videojuegos, figuras de acción y hasta muñequitos, creatividad que vive en ella hasta ahora, (al final de esta entrada dejaré un link para que puedan ver a qué se dedica mi amiguita actualmente).
Ella me prestaba sus mangas de parejitas, que casi no existían, estaba el boom de Dragon Ball y las cositas cariñositas no vendían, me gustaban los originales porque se tenían que leer de atrás para adelante, Marina una vez me regañó porque empecé viendo el final.
Muy seguido me la encuentro en cosas extrañas, como en un museo lejano de nuestras respectivas casitas, en remates de libros, en ferias de libros, cosas raras que creo seguirán acompañandonos por haber pertenecido al grupo de las "Raritas" de la secundaria en la cual nos conocimos siendo niñas.
ACLARACIÓN:
Esta entrada se llama Manira porque yo le decía así cuando eramos muy cercanas, no es un error de dedo, ahora no somos tan cercanas pero siempre que nos vemos sentimos que no ha pasado el tiempo. Si quieren saber más de ella, visiten este link, ¡hace cosas bien bonitas jeje y las vende!
domingo, 3 de marzo de 2013
Crónica de unas Fallidas Vacaciones
Todo comenzó cuando al regresar de las vacaciones anteriores nos quedamos con ganas de vivir una experiencia nueva, fue cuando al loco de mi noviecito se le ocurrió -como ya antes habíamos pensado- que era la oportunidad perfecta para realizar unas vacaciones de al menos una semana a las frías tierras de Chihuahua (en invierno), con la finalidad de viajar en tren en el famoso Chepe.El Ferrocarril Chihuahua Pacífico es el único tren de pasajeros en México. El plan consistía en volar a Chihuahua, tomar el tren a las seis de la mañana del día siguiente, bajar en Creel para visitar los lagos y los bellos paisajes de este pueblo maderero y turístico; después, viajar en autobús a Divisadero (que se encontraba a hora y media aproximadamente) para llegar a las Barrancas del Cobre, utilizar el teleférico y tomar muchas fotos, volver a tomar el tren a medio día para viajar durante el resto del día hasta Los Mochis, Sinaloa y pasar dos días en la playa, posteriormente volar a la Ciudad de México y continuar con las vidas de seres mortales... ¡el plan fue perfecto!, llegamos a Chihuahua un viernes con unos cinco grados bajo cero (desde el avión el paisaje estaba blanco de nieve, además había una capota de nubes blancas y gruesas como la foto), desayunamos en el hotel y probamos los chilaquiles más picantes de mi larga vida; luego dormimos la mayor parte del día porque nuestro vuelo fue en la madrugada. Por la tarde fuimos a la estación del Chepe a comprar los boletos para el tren y nos acostamos temprano para poder despertar a las cinco y salir directo a la estación.
La salida del tren es un despapaye, no hay organización y la gente puede abordar a pesar de no tener ticket, mi novio y yo habíamos decidido comprar pases para clase económica, así que viajamos en vagones con un poco menos espacio, sin desayuno y con la calefacción muy alta (de risa loca resultó que se me derritieran literalmente las agujetas de las botas).
Al llegar a Creel, los anfitriones de diversos hoteles ofrecían sus servicios, nos decidimos por uno de los peores, no tenía aire acodicionado, pero sí un calentón, que es una especie de estufa o boiler que tiene una llama que calienta dos tabiques y produce calor, pero es peligroso porque genera chispas y quema gas, por lo que es tóxico si se está expuesto toda la noche. El mismo día fuimos a hacer un tour por los paisajes con guía y conocimos al bello lago Arareko, cuevas habitadas, valles de piedras que fueron talladas por el viento y hasta iglesias de las misiones religiosas que habitaron el estado.
Por la noche el inclemente frío no nos dejó dormir (pues ya habíamos apagado el calentón), de modo que decidimos irnos del lugar a primera hora a Divisadero. Tomamos el autobús luego de un apresurado desayuno y nos fuimos con todo y el equipaje. Al llegar a Divisadero, lo más impresionante es la vista, son barrancas llenas de vegetación pero de las más profundas del mundo, al preguntar por un paquete turístico para utilizar el teleférico nos ofrecieron uno que incluía un recorrido en tirolesa, caminata y regreso en teleférico, lo tomamos (ver foto. Fuente: inernet).
Por la noche el inclemente frío no nos dejó dormir (pues ya habíamos apagado el calentón), de modo que decidimos irnos del lugar a primera hora a Divisadero. Tomamos el autobús luego de un apresurado desayuno y nos fuimos con todo y el equipaje. Al llegar a Divisadero, lo más impresionante es la vista, son barrancas llenas de vegetación pero de las más profundas del mundo, al preguntar por un paquete turístico para utilizar el teleférico nos ofrecieron uno que incluía un recorrido en tirolesa, caminata y regreso en teleférico, lo tomamos (ver foto. Fuente: inernet).
Mi novio y yo nos estábamos diviertiendo a pesar de que a mi casi se me salía el corazón hasta que en la sexta tirolesa se me ocurre frenar de la peor manera y encima de todo golpeando mi mano. El personal me revisó la mano por cualquier rasguño, mi sorpresa de horror cuando veo mi dedo meñique de la mano derecha tan desviado, que parecía una rama, me lo inmovilizaron y recorrí la siguiente tirolesa con guía, luego regresamos en el teleférico mi novio, la guía, el conductor y yo. Es obvio explicar que me encontraba en shock pensando que ya me había arruinado la mano, el semestre escolar, los exámenes que venían pronto y el plan de las vacaciones, eso fue lo que más me dolió, el plan, por ello lloraba como magdalena, aunque todos pensaban que moría de dolor.
La empresa nos haría un reembolso de gastos médicos, por ser domingo, no había a la redonda ningun médico disponible, tuvimos que viajar (con cortesía de la empresa) otra media hora hasta San Rafael, un pueblo en donde al menos tenían clínica de salud y había un médico de guardia que improvisó una férula con venda de yeso, necesitaba ayuda urgente, pero tuve que aguantar hasta el día siguiente que regresaríamos a Creel porque decían que allí había un hospital. Salimos a las seis de la mañana con un frío cercano a los cero grados, llegamos a Creel y el único hospital no tenía técnico radiólogo, nos dijeron que si viajábamos a San Juanito quizá allí me atenderían, por fin decidimos regresar a Chihuahua que es una ciudad industrial muy del estilo de Tlalnepantla, allí me "arreglaron" el dedo hasta las diez de la noche porque llegamos a las cinco, buscando un lugar dieron las siete, y me entregaron la placa hasta las nueve, finalmente lo colocaron en su sitio pero colocándome grandes cantidades de anestesia local y una férula de fibra de vidrio que podía ser removida cuando fuera necesario.
Nos quedamos el día siguiente en Chihuahua que había cambiado su clima y ahora eran unos agradables veinte grados centígrados, al día siguiente volamos de regreso a la Ciudad y esperé el regaño de mis padres, pero no fue así, me recibieron riéndose de verme lastimada, la verdad me contagiaron y la recuperación no ha sido tan dolorosa. He dejado de usar la férula inmovilizadora, todos los días debo introducir mi mano en cubo con agua bien caliente y hacer ejercicios para que se restablezca, los primeros días dolían los nervios y tendones que seguían paralizados, lo que duele ahora es haber arruinado vilmente las vacaciones que planeamos durante mucho tiempo.
La empresa nos haría un reembolso de gastos médicos, por ser domingo, no había a la redonda ningun médico disponible, tuvimos que viajar (con cortesía de la empresa) otra media hora hasta San Rafael, un pueblo en donde al menos tenían clínica de salud y había un médico de guardia que improvisó una férula con venda de yeso, necesitaba ayuda urgente, pero tuve que aguantar hasta el día siguiente que regresaríamos a Creel porque decían que allí había un hospital. Salimos a las seis de la mañana con un frío cercano a los cero grados, llegamos a Creel y el único hospital no tenía técnico radiólogo, nos dijeron que si viajábamos a San Juanito quizá allí me atenderían, por fin decidimos regresar a Chihuahua que es una ciudad industrial muy del estilo de Tlalnepantla, allí me "arreglaron" el dedo hasta las diez de la noche porque llegamos a las cinco, buscando un lugar dieron las siete, y me entregaron la placa hasta las nueve, finalmente lo colocaron en su sitio pero colocándome grandes cantidades de anestesia local y una férula de fibra de vidrio que podía ser removida cuando fuera necesario.
Nos quedamos el día siguiente en Chihuahua que había cambiado su clima y ahora eran unos agradables veinte grados centígrados, al día siguiente volamos de regreso a la Ciudad y esperé el regaño de mis padres, pero no fue así, me recibieron riéndose de verme lastimada, la verdad me contagiaron y la recuperación no ha sido tan dolorosa. He dejado de usar la férula inmovilizadora, todos los días debo introducir mi mano en cubo con agua bien caliente y hacer ejercicios para que se restablezca, los primeros días dolían los nervios y tendones que seguían paralizados, lo que duele ahora es haber arruinado vilmente las vacaciones que planeamos durante mucho tiempo.
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