lunes, 9 de mayo de 2011

Las desventajas de llamarse A...

  Hoy estaba muy contenta en la escuela teniendo mis demás clases como todos los días, hacía quince minutos que me había encontrado a un amiguito en uno de los pasillos para llegar al salón de mi clase, nos saludamos, quedamos de vernos en una siguiente oportunidad y me despedí. Ya en el salón, mi celular vibró, lo saqué para revisar el motivo del movimiento y decubrí que el amigo que me acaba de saludar me envió un mensaje, lo abrí pensando que se le había olvidado decirme algo y me sorprendió ver un mensaje en blanco, me quedé un poco turulata, sin embargo no le di importancia pues había que poner atención a la clase, dos minutos después volvió a llegar otro mensaje del mismo sujeto en las mismas condiciones, decidí no avisarle que revisara el bloqueo de su teclado (pues avisar por mensaje cuesta dinero) porque seguramente su celular estaba apachurrandose con cualquier cosa. Después de la clase y de haber pensado un poco en el extraño suceso recordé que a lo largo de los años han sucedido cosas semejantes, me han llegado más mensajes en blanco, me han llamado sin decir nada, recibo mensajes equivocados y todo por llamarse A... Es feo ¿saben?, llegas a sentirte mal, como si no importaras, pero luego te das cuenta que es la flojera de la gente que ni siquiera voltea a ver si ha mandado bien el SMS o si de verdad es la persona a quien quiere llamar.
   Existe un problema semejante, o quizá mayor para todos aquellos que se apellidan con la A inicial, ¡es la muerte!, yo estoy en los dos casos, por ello es que estoy tan resentida con la vida jajaja. Regresando al punto, apellidarse con la letra A es un problema para aquella horrible etapa en la que solo aprendes malas costumbres y vicios, quiero decir la secundaria, ¡¡en ella los profesores siempre piden las tareas por orden alfabético!!, el estrés es agotador, todos los que tenemos apellidos con aquella letra estamos enfermos de gastritis, colitis nerviosa y cosas por el estilo luego de aquellos años mozos.
   Una anécdota interesante es que admiro en gran medida a un profesor, una vez me llegó una llamada de él, pero para variar nadie contestaba, eso sí que es triste.