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domingo, 26 de agosto de 2012

Wicky Weekend

La semana pasada me fui de Fin de Semana con el noviecito, fue rapidísimo porque yo estoy enredada con esto del Servicio Social y ni tiempo tuvimos de revisar bien a qué pueblito olvidado por la mano de la creación  iríamos a parar, por lo mismo regresamos a Guanajuato Capital (regresamos porque hace un año fuimos allí). No ha cambiado mucho desde los hace más de 365 días que dejamos de ver esa bonita ciudad. Lo que sigue impresionandome hasta el éxtasis es que taladraron sus lomas, serranías y cerritos con tal de establecer comunicación con las demás ciudades de Guanajuato, y hay que decirlo: a Guanajuato le queda a la perfección que sus túneles se encuentren bajo su propia ciudad a pesar de que los tuneles en las ciudades europeas están solo en las afueras.


Otra cosa para irse de espaldas es su sistema de transporte, utilizan unos vehículos que aparentan ser viejitos pero son relativamente nuevos, eso sí, son de grandes dimensiones y a duras penas pueden sortear las ya de por sí reducidas y angulosas calles del centro, también tienen motores grandes y sus asientos son bastante incómodos, suerte para los habitantes que la mayoría de sus traslados son menores a cuarenta minutos, hasta en ese punto creo que sus usuarios de transporte público tienen mejor salud que los de nuestra ciudad (Distrito Federal, México) quienes -como decía el profesor Raúl Soto- están acostumbrados a brincar y rebotar en sus asientos.


Algo muy extraño: en la Ciudad de México las salidas con los cuates y las grandes pachangas (sí, aunque suene antaño ese término) son los viernes por la noche, en Guanajuato la verdadera fiesta son los sábados y se escucha gente borrachísima por todos lados, tan es así, que terminan los ires y venires de las personas hasta altas horas de la noche, y los domingos sucede algo insólito: ¡después de las 16:00 horas se prohibe la venta de alcohol!, no me pregunten cómo fue que lo supe, pero me fui de espaldas, me hizo pensar en un toque de queda de algún pueblo fantasma, bueno, quizá esto sucedió en ese día en especial porque al día siguiente comenzaban las clases en la Universidad que se encuentra en el Centro, que por cierto es bellísima.

Lo que me fascina es el aire de ciudad intelectualoide que se respira a cada paso que se da. Cualquier restaurante, expendio o hasta tiendita tiene un nombre memorable, y algo que nos quedó muy claro a mi novio y a mí es que allí al menos a los estudios de arte y de pintura los dejan coexistir con los habitantes normales, característica que acentúa mucho más su "personalidad" culta e instruída.

Las minas son cosntrucciones que erizan la piel, desde El Pipila se pueden observar como si fuesen castillos medievales, quisimos ir, pero no fue posible porque aún se encuentran en funcionamiento y no permiten la entrada a visitantes, salvo casos excepcionales, pero no quisimos tentar a la suerte, lo único que pudimos visitar fue Minas de Cata y su bella iglesia.



A pesar de haber ido en días de lluvia, el clima es cálido, sin importar que esté nublado y con viento, siempre se respira un clima templado y lo mejor de todo es que no por ello hay mosquitos, al parecer hasta la madre naturaleza ha beneficiado a esta ciudad oculta entre sus serranías para ser el destino turístico por excelencia.

Mención honorífica para un establecimiento que a pesar de encontrarse escondido en una pequeña calle del centro tiene mucha clientela: Tuk Tuk, un restaurante de comida oriental de-li-cio-sa que está abriendo sucursales en muchas partes de Guanajuato que puede expandirse mucho más y que tiene una manera peculiar de ofrecer su platillos que... bueno, es mejor que los prueben (http://www.tuk-tuk.mx/#!__guanajuato), ojalá puedan darse una vuelta pronto y no solo en el Festival Cervantino, la ciudad es hermosa aunque no se encuentre en festividades.