Derivado de un asalto a mano armada cometido contra mi hermanito al regresar de la universidad en el transporte público, comencé a tener ataques de psicosis porque yo utilizo la misma ruta de transporte que él, de manera que, por todos lados veía personas sospechosas, contaba a los grupos de amigos que abordaban y evaluaba su aspecto, llegué hasta tener listo mi celular para hacer alguna llamada o donarlo a la causa del "aflojen", nunca supe con qué razón lo hacía yo, porque siendo sinceros no podría detener un asalto, quizá la unica motivación sería saber qué sucedería.
Poco a poco redujo la tensión que experimentaba, esto iba bien hasta que conocí una nueva forma de manoseo abordo, que consiste en:
-Un sujeto hombre, visualiza un asiento desocupado, se sienta, a veces demasiado cerca con lo cual la señorita ocupante del otro asiento se pega lo mayormente posible a la ventanilla. El sujeto coloca delicadamente su bolso, mochila o maleta sobre sus piernas, con lo cual sus brazos se cruzan sobre su carga o debajo de ella para sujetarla con firmeza... o al menos eso es lo que la selorita pensaba, pues estos sujetos al tener cruzados sus brazos bajo el anonimato de la mochila les es muy posible alargar un brazo hacia la chica pues existen cinco centímetros de separación entre sus manos y la cadera de la señorita diezmada y hacer como si no pasara nada pues la señorita inocentemente supone que es su imaginación hasta que efectivamente comprueba que es la asquerosa mano del lascivo compañero de viaje, es cuando le profiere insultos y este termina descendiendo de la unidad sin pagar la que hizo...
Lo peor que sucede a la mayoría de los defeños es el terror que viven a diario en el transporte público pues después de trabajar largas jornadas y de estar a punto de hacer viajes de hasta 3 horas de duración necesitan saber que al menos conseguirán un transporte en el que se les grantice un asiento, esto es posible cuando el trabajador vive en una de las terminales del sistema y puede llegar a la otra terminal, pero sufre la gota gorda cuando el mismo transporte por la sobre demanda se satura de personas de la tercera edad, de mujeres embarazadas o cargando niños pequeños, no es mentira, me ha tocado varias veces ceder el asiento y voltear a ver las caras agradecidas de los hombres que se encuentran muy cansados como para todavía pretender ser atentos y corteses.
La vida en el Transporte Público de la Ciudad de México es acelerada, plagada de enfermedades, de golpes que dañan el organismo, de mugre, suciedad, malas condiciones... sé que resulta desalentador viniendo de una Cuasi Ingeniera en Sistemas de Transporte Urbano, pero es necesario acotar los males para encontrar una buena cura.
