jueves, 17 de octubre de 2013

La Espina

Conocí al profesor Leonardo López Ruíz en Agosto de 2011, fue una cosa casual porque él se encontraba charlando efusivamente como acostumbraba con otro profesor de la carrera. Yo no había podido tomar una materia que él daba ya que la había tomado pero con muy pobres resultados, y no por él, si no por una profesora que hasta el momento es un fiasco. Recuerdo que le pregunté si él era el famoso profesor que daba esa materia y si me podía dar asesorías, me respondió que sí, me dio su correo electrónico y su número telefónico con tan solo haberle hablado una vez. Elaboré mi proyecto, y me preparé para el examen y me pasó con diez, fui muy feliz  Ese mismo día le hice una invitación para que diese una materia en el
plantel que yo estaba inscrita, porque, para variar, el profesor impartía clase en el plantel más equipado de la universidad, sorprendentemente aceptó gustoso, a lo que me sentí gratamente aliviada y apoyada.
Siendo él, especialista en Sistemas de Información Geográfica (el único en toda la Universidad), tuvo que trasladarse desde Iztapalapa hasta el centro de la Ciudad para poder darnos clase, y lo peor fue que ni siquiera era remunerado, pero nos apoyaba para que avanzáramos más rápido.
Durante el semestre fue algo difícil  los otros chicos beneficiados por recibir clase con él, se aprovechaban de su bondad y muy seguido le pedían que no diera clase, cosa que a final de semestre nos perjudicó debido a que repentinamente él cayó enfermo (las causas no las sé, pero supongo que también se debieron al estrés, pues además de darnos clase a nosotros, daba clase a otros tres grupos en el otro plantel, y tenía un empleo en una cosultoría), y fue a operarse de un malestar estomacal por dos semanas. A partir de allí comenzamos a verlo cada vez menos, entraba y salía del hospital, a veces no podíamos encontrarlo.
En la primavera de 2012, otro profesor me invitó a participar en un proyecto en el que se integraban -como podrán imaginarse- Sistemas de Información Geográfica, y como yo estaba fascinada con la cátedra que nos había impartido el profe Leo, y como también él era parte del proyecto me integré muy contenta. A menudo teníamos citas para organizar el trabajo, y lo veíamos, como siempre muy sonriente y bromista. El proyecto siguió, uno de mis compañeros pudo entrar a la consultoría donde él trabajaba a hacer el servicio social y bajo, recomendación del profesor pudo entrar a trabajar allí, el profesor se veía mejor, pero había dicho que lo operarían nuevamente. Durante la huelga que duró cinco meses y en la cual los planteles estaban cerrados, él daba clase en la oficina de la consultoría donde también trabajaba, evaluó a los chicos y la mayoría pasó, le pidieron ayuda para los demás semestres, y él les dijo que los apoyaría en lo que necesitaran.
En el inicio del verano de 2013, lo operaron nuevamente, y se recuperaba, pero en la noche del tres de julio, algo sucedió y nuestro chambeador profe no pudo aguantar las secuelas de la operación y nos dejó. La noticia nos dejó helados, jamás esperamos que algo así pasara. El profe dejó dos hijos adolescentes y era padre soltero, muchos amigos y sobre todo, la espina, en los estudiantes que lo conocimos, de estudiar Sistemas de Información Geográfica y ser expertos como él. En lo particular, su pasión vive en mí, yo quiero seguir sus pasos, y superar lo que llevo hecho, además ser absolutamente compartida, y ya que no tuve oportunidad de despedirme, espero que esta entrada sea una especie de homenaje a uno de los profesores que marcaron mi vida y que su labor fue exitosa en mí.