sábado, 13 de diciembre de 2008

Vacacioneeees, hey!

En casi todas las escuelas en México han llegado las vacaciones, en las primarias todavía les falta una semana, pero casi en todas las de nivel medio superior ya se olvidaron de los cuadernos, los libros y los odiosos profesores.
Aquí los destinos más socorridos buscando lugares cálidos son las playas , aunque este año todo el país esté pasando por un invierno más frío de los que se haya tenido noticias pues los frentes fríos nos persiguen con insistencia y parece que no nos van a dejar hasta febrero. Algunos otros prefieren pueblos alejados de la civilización y recordar en estas temporadas el valor de terminar un año con alguien amado.
Los más, van a visitar a la familia de origen.
Este es un acontecimiento ejemplar (aunque se repita cada año), pues al reunirse la familia (que a su vez consta de más familias, quienes a su vez han iniciado nuevas familias) se forman grupos sociales tan grandes, que bien podrían pasar por el club de fans de algún incipiente cantante. En estas reuniones se dice que lo primordial es reunirse con la familia, pero lo que ocupa las mentes de todos es el festín que se darán al probar los deliciosos manjares que se preparán en dicho evento. A veces de solo pensar en los romeritos de la abuela, la famosa ensalada de navidad de la tía que sigue soltera (y usando ropa interior roja cada fin de año), o el exquisito pozole que sólo mamá sabe hacer, es el motivo por el cual pedimos a gritos que se acabe el año para ir a casa de la abuela.
Y es que allí, además de comer deliciosamente, nos olvidamos de todos los pesares que sufrimos durante todo ese lapso que consta de doce meses. Harémos un esfuerzo por olvidarnos de nuestra gastritis, de los nudos que se nos han hecho n los hombros por el estrés, y por fin dirémos:

¡Adiós reuniones con hombres importantes, adiós citas con el médico, adiós tareas insuficientes, hola placeres de dioses.!

lunes, 29 de septiembre de 2008

Aromas de Temporada


Motivada por un extraño padecimiento (que sufro desde niña), decidí escribir este texto. Y es que digo un extraño padecimiento porque es eso más que nada. Resulta que desde niña he tenido los sentidos muy desarrollados (o al menos eso quiero que sea), ya que hasta ahora que tengo veintitrés años puedo recordar ciertos aromas que marcaron mi niñéz, por ejemplo: el aroma del caucho del chupón de mi mamila, las flores que crecían en el jardín trasero de mi casa, el aliento de los gatitos recién nacidos, eso angustia a mi madre que piensa que pasé por un grave trauma y por eso recuedo tan vivamente esos aromas, pero no, y la más grande prueba de ello es que también recuerdo olores de las siguientes épocas de mi vida. Lo que no me gusta de esta pseudopatología es los aromas que me recuerdan temporadas que regresan a las vidas de todos una y otra vez como las cuatro estaciones, para ser más claros: esa extraña transición entre la temporada de otoño al invierno. Sé que todavía faltan tres meses para que eso suceda, pero según me lo explican mis sentidos, esto se adelanta cada vez más, es decir: esta sensación no obedece al calendario sino a los cambios climatológicos de nuestro planeta (por supuesto que eso no me lo dicen mis sentidos pero es la respuesta que yo les tengo). Algo tienen esas estaciones del año que provocan que algunas personas nos sintamos solos inexplicablemente (yo tengo una familia de seis). Hay un no se qué en el aire y si nos asomamos a la ventana, reina un vacío misterioso en el que ni los pajaros que vivieron en nuestro árbol favorito se quedaron (he ahí mi interpretación del adelanto de las estaciones del año). Los mamíferos que nos rodean (en mi caso mi gata) duermen mucho, y a nosotros se nos reseca la piel. Como muestra de algo semejante relato aquí las ceremonias que rendimos los mexicanos a principios de noviembre a nuestros muertos, consiste en acondicionar un altar en el que se colocan fotografías y cosas que a nuestro muerto le gustaban, entre estas cosas hay: comida, bebidas, dulces y pan de muerto (llamado así porque su decoración se basa en unos huesitos hechos de harina de pan y puestos sobre la pieza). Todos estos aromas sin que sea noviembre hacen que el mexicano promedio rememoré tales festejos. Otro claro ejemplo es cuando el aire huele a invierno. Y no es nada más que huela, si no que se siente, hasta el sol es más tenue, el viento se hace helado, las nubes viajan a mayor velocidad, todo cambia. Lo que explicaba como algo que no me gusta, es que yo lo asocio todo a viejas vivencias, y siendo una persona con fobia social e intentando vivir nuevas experiencias, este recurso que me proveen mis sentidos es casi una maldición que me recuerda situaciones por las que ya he pasado y a las que no necesito regresar.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Presentación

Este es mi primera publicación y estoy haciendo lo que millones de cibernautas hacen: un blog. Mi primer acercamiento a este tipo de sitios fue una vez que leí acerca de ellos en una revista hace mucho tiempo, nunca pensé en algún día hacerlo pues para ser sinceros, me agrada mucho más escribir en papel. Un día mi hermano menor me preguntó "sobre qué vas a escribir?" y mi respuesta fue que sobre lo que sea.
Este espacio se llama Cajita de Soliloquios de Adrava porque es un compendio de miles de conversaciones internas que el humano (en su calidad de ser pensante) ha tenido, nociones curiosas sobre cosas que nos preguntamos en la cama cuando padecemos de insomnio, pensamientos que llegan a nosotros cuando estamos bajo la regadera, en fin, Soliloquios es (o intentará ser) netamente introspectivo, cabe aclarar que con ésto no busco satisfacer el morbo colectivo sino la libertad de expresión pura.
Sin más por el momento, se despiden mis hiperactivos dedos y mi soporosa mente en busca de ideas que meter en la Cajita.