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martes, 9 de febrero de 2010

Extraña pasión: el cine

Mañana miércoles, el cine es (lo es en teoría) más barato. Se supone que los boletos están a mitad de precio. En México, las grandes empresas de cines intentan que la gente piense que realmente se está dando a un precio más bajo el boleto, cuando lo único que hacen es reducirle aproximadamente diez pesos. Fuera de todo eso, ir al cine es una adicción socialmente aceptable, podemos pensar que es un hábito bastante extraño que tenemos casi todos los seres humanos modernos (que vivimos en esta vacía y materialista vida).
Es extraño que viviendo la vida tan apresurada que llevamos ahora, podamos hacernos de tiempo para asistir al cine, con la finalidad de estar simplemente sentados durante dos horas o más, sin hacer ruido, sin hablar con el de al lado y de hecho, compartiendo el lugar con bastantes personas por llevar a cabo el siemple propósito de ver una historia en una pantalla jumbo. La razón quizá pueda ser el morbo colectivo que sin querer llevamos todos grabados en nuestros genes (un amigo bioquímico seguramente me regañará por el anterior comentario), morbo que nos hace buscar las endorfinas necesarias para producirnos placer de ver las situaciones de conflicto de alguna persona y cómo las soluciona o termina con ellas. Otra razón podría ser que una historia en una pantalla grande nos hace creer que no somos nosotros, como si fuesemos otra persona, la persona que vemos en la pantalla y vivimos sus aventuras, sus experiencias olvidandonos de nuestra (algunas veces, no hay que ser tan tajantes) caótica existencia.
Particularmente me declaro total fanática del cine, me encanta ver historias, pero extrañamente me gusta mucho más leer. Cuando leo me pierdo en el texto, olvido todo lo que hay a mi alrededor y me deleito con mi imaginación y con las palabras escritas por el autor, ¿será porque es un ejercicio un poco más intelectual?.
Con todo lo anterior acotado, no podemos comparar los dos artes, porque uno de ellos puede realizarse en pareja, con la familia o inclusive en solitario si así se desea, pero la lectura es un proceso más introspectivo, más intelectual. De los dos se aprende, de eso no me queda la menor duda, aunque si podemos decir que de la lectura podemos aprender a escribir de una forma más correcta (independientemente de que sea un texto técnico o científico) en cambio en el cine, no nos volvemos buenos directores de cine por ver muchas cintas, uno es más intelectual y el otro es más artista. Elegir a uno de los dos será determinado por los objetivos de la persona, pero yo creo que es mejor practicar ambos paralelamente, entiendase que se han hecho grandes películas inspiradas en buenos libros, además, el cine sería un fiasco sin los brillantes guiones de los que han practicado la lectura y la cinefilia simultáneamente.