domingo, 3 de marzo de 2013

Crónica de unas Fallidas Vacaciones







Todo comenzó cuando al regresar de las vacaciones anteriores nos quedamos con ganas de vivir una experiencia nueva, fue cuando al loco de mi noviecito se le ocurrió -como ya antes habíamos pensado- que era la oportunidad perfecta para realizar unas vacaciones de al menos una semana a las frías tierras de Chihuahua (en invierno), con la finalidad de viajar en tren en el famoso Chepe.
El Ferrocarril Chihuahua Pacífico es el único tren de pasajeros en México. El plan consistía en volar a Chihuahua, tomar el tren a las seis de la mañana del día siguiente, bajar en Creel para visitar los lagos y los bellos paisajes de este pueblo maderero y turístico; después, viajar en autobús a Divisadero (que se encontraba a hora y media aproximadamente) para llegar a las Barrancas del Cobre, utilizar el teleférico y tomar muchas fotos, volver a tomar el tren a medio día para viajar durante el resto del día hasta Los Mochis, Sinaloa y pasar dos días en la playa, posteriormente volar a la Ciudad de México y continuar con las vidas de seres mortales... ¡el plan fue perfecto!, llegamos a Chihuahua un viernes con unos cinco grados bajo cero (desde el avión el paisaje estaba blanco de nieve, además había una capota de nubes blancas y gruesas como la foto), desayunamos en el hotel y probamos los chilaquiles más picantes de mi larga vida; luego dormimos la mayor parte del día porque nuestro vuelo fue en la madrugada. Por la tarde fuimos a la estación del Chepe a comprar los boletos para el tren y nos acostamos temprano para poder despertar a las cinco y salir directo a la estación.
La salida del tren es un despapaye, no hay organización y la gente puede abordar a pesar de no tener ticket, mi novio y yo habíamos decidido comprar pases para clase económica, así que viajamos en vagones con un poco menos espacio, sin desayuno y con la calefacción muy alta (de risa loca resultó que se me derritieran literalmente las agujetas de las botas).
Al llegar a Creel, los anfitriones de diversos hoteles ofrecían sus servicios, nos decidimos por uno de los peores, no tenía aire acodicionado, pero sí un calentón, que es una especie de estufa o boiler que tiene una llama que calienta dos tabiques y produce calor, pero es peligroso porque genera chispas y quema gas, por lo que es tóxico si se está expuesto toda la noche. El mismo día fuimos a hacer un tour por los paisajes con guía y conocimos al bello lago Arareko, cuevas habitadas, valles de piedras que fueron talladas por el viento y hasta iglesias de las misiones religiosas que habitaron el estado.
Por la noche el inclemente frío no nos dejó dormir (pues ya habíamos apagado el calentón), de modo que decidimos irnos del lugar a primera hora a Divisadero. Tomamos el autobús luego de un apresurado desayuno y nos fuimos con todo y el equipaje. Al llegar a Divisadero, lo más impresionante es la vista, son barrancas llenas de vegetación pero de las más profundas del mundo, al preguntar por un paquete turístico para utilizar el teleférico nos ofrecieron uno que incluía un recorrido en tirolesa, caminata y regreso en teleférico, lo tomamos (ver foto. Fuente: inernet).

Mi novio y yo nos estábamos diviertiendo a pesar de que a mi casi se me salía el corazón hasta que en la sexta tirolesa se me ocurre frenar de la peor manera y encima de todo golpeando mi mano. El personal me revisó la mano por cualquier rasguño, mi sorpresa de horror cuando veo mi dedo meñique de la mano derecha tan desviado, que parecía una rama, me lo inmovilizaron y recorrí la siguiente tirolesa con guía, luego regresamos en el teleférico mi novio, la guía, el conductor y yo. Es obvio explicar que me encontraba en shock pensando que ya me había arruinado la mano, el semestre escolar, los exámenes que venían pronto y el plan de las vacaciones, eso fue lo que más me dolió, el plan, por ello lloraba como magdalena, aunque todos pensaban que moría de dolor.
La empresa nos haría un reembolso de gastos médicos, por ser domingo, no había a la redonda ningun médico disponible, tuvimos que viajar (con cortesía de la empresa) otra media hora hasta San Rafael, un pueblo en donde al menos tenían clínica de salud y había un médico de guardia que improvisó una férula con venda de yeso, necesitaba ayuda urgente, pero tuve que aguantar hasta el día siguiente que regresaríamos a Creel porque decían que allí había un hospital. Salimos a las seis de la mañana con un frío cercano a los cero grados, llegamos a Creel y el único hospital no tenía técnico radiólogo, nos dijeron que si viajábamos a San Juanito quizá allí me atenderían, por fin decidimos regresar a Chihuahua que es una ciudad industrial muy del estilo de Tlalnepantla, allí me "arreglaron" el dedo hasta las diez de la noche porque llegamos a las cinco, buscando un lugar dieron las siete, y me entregaron la placa hasta las nueve, finalmente lo colocaron en su sitio pero colocándome grandes cantidades de anestesia local y una férula de fibra de vidrio que podía ser removida cuando fuera necesario.
Nos quedamos el día siguiente en Chihuahua que había cambiado su clima y ahora eran unos agradables veinte grados centígrados, al día siguiente volamos de regreso a la Ciudad y esperé el regaño de mis padres, pero no fue así, me recibieron riéndose de verme lastimada, la verdad me contagiaron y la recuperación no ha sido tan dolorosa. He dejado de usar la férula inmovilizadora, todos los días debo introducir mi mano en cubo con agua bien caliente y hacer ejercicios para que se restablezca, los primeros días dolían los nervios y tendones que seguían paralizados, lo que duele ahora es haber arruinado vilmente las vacaciones que planeamos durante mucho tiempo.