domingo, 25 de marzo de 2012

La mala influencia

         Tengo muy pocos amigos, y menos amigas, el caso es que las pocas que tengo son a mi parecer chicas normales que tienen problemas como todos en la vida, lo malo de ello es que al tener problemas afectivos con sus respectivas parejas me buscan y pretenden recibir mi ayuda cuando por obvias razones soy la persona menos indicada para aliviarlas. Tanta es mi mala influencia en ellas, que de ser peronas comunes terminan haciendo un drama de sus rompimientos y creo que terminan un poco traumatizadas, y esto (en parte creo yo) es culpa de mi cochina imaginación, desde niña he tenido tantas historias, situaciones, escenas viviendo en mi cabezota que de plano siento que todos debemos vivir una historia digna de contarse en un libro, y es cuando mi objetividad se va por el caño siempre haciendo un rapido análisis sobre quien es el bueno y quien el malo, para así ayudar al bueno, pero como hemos de concluir, mis amigas siempre son las buenas aunque hayan sido unas desgraciadas.
          Hace dos años, una de mis muy queridas amigas sufrió una decepción amorosa justo a fines de año durante nuestras vacaciones, en las que lloró a sollozos lastimeros durante toda una noche, sin embargo mis consejos la ayudaron, aunque debo hacer una nueva confesión al decir que a veces mis consejos suenan huecos hasta para mi o más bien demasiado rebuscados, y es que es de esperarse porque ¿cómo se puede pensar que alguien que no ha sufrido tanto en el plano amoroso pueda saber las dos caras de la moneda con la que se paga la vida?, alguien creerá que por eso mismo se vuelve valioso pero carece de la práctica, es decir, es un consejo teórico que probablemente no responda a la realidad.
           Actualmente una de mis mejores amigas atraviesa por algo similar, y con ella me doy cuenta que las buscamos ser por naturaleza mártires, siempre queremos quedar como la buena y no deber nada, quedarse con la consciencia tranquila cuando es posible hacer lo que corresponde aunque lastimes a los demás siendo no precisamente una blanca palomita. Mis amigas a pesar de ser lindas personas terminan haciendo frente a sus problemas con una tenacidad no cotidiana y sorprendente, que a pesar de que mi loca imaginación y consejos las orille a actuar de manera casi fingida pasado el tiempo vuelven a retomar su felicidad, y entonces eso me hace concluir que a pesar de ser una pésima infuencia también soy una amiga que está justo en el momento indicado haciendolas hablar de eso que les duele tanto, para acelerar su curación.