martes, 20 de julio de 2010

Mi incesante abuela


Hace más de un mes llegó a casa mi abuelita paterna, una mujer menudita y bajita de voz grave, que es tan mandona como yo holgazana. No la culpo porque ha tenido una historia difícil pero digna de contarse: resulta que nació en 1936 en Ciudad Ocampo, en el estado de Tamaulipas, como una de tantos hermanos (en total 10), nieta de un español de tez blanca bronceada (característica que marcó a la familia en aquellos tiempos pues la población solía ser trigueña y que aún nos persigue). Desde niña fue obligada a trabajar y educada por un hombre extremadamente controlador y macho que instruyó a sus hijas en venerar al hombre que tenían a su lado. Cuando creció, su hermana mayor la llevaba como acompañante a las fiestas y bailes de la región, a la edad de 16 años conoció a un hombre siete años mayor que ella que le "habló bonito", ya saben, la clásica táctica para convencer a las chicas inocentes y crédulas, finalmente (eran los años cincuenta qué podemos esperar) el hombre aquel decidió robarsela y llevarla a vivir a una población cercana. La abuela tenía dieciocho años cuando por fin dio a luz a papá.
Desde que la abuela decidió mirar a mi abuelo con ojos coquetos terminó su vida, es decir, terminó su YO conciente y empezó un ir y venir de preocupaciones, una vida de abusos, de maltratos, de carencias y de injusticias.
Existe una teoría en algun lugar de un viejo libro el cual establece que las mujeres siempre nos enamoramos del hombre con mayor parecido a nuestro padre, y según se dice, nuestro primer amor es nuestro padre, algo semejante le sucedió a mi abuelita: se enamoró de un hombre que era la réplica exacta de su padre del que se supondría estaba escapando. Tuvo diez hijos, pero debido a aquella vida de abusos, carencias e irresponsabilidad, sólo le sobrevivieron cinco, papito fue de los afortunados, pero por ser el primero le tocó la peor parte. Papá dejó a su madre a los quince años, mudandose a la Ciudad de México y conociendo diez años después a mamá.
Mi abuelita aguantó esa vida de abusos hasta los setenta años, lleva seis años de "viudéz" y toda una vida de veneración a la imagen de los hombres. Actualmente, mi abuela no puede ver a un hombre cocinando o lavando los trastos, al parecer está totalmente sorbida por el dinero, y esto lo comento porque para ejemplo tenemos a que uno de mis tíos es chef de toda clase de comida mexicana, la abuela tolera que ese tío realice ese tipo de trabajos porque está remunerado, es decir porque recibe cierta paga; le he explicado hasta el cansancio que las mujeres que son amas de casa trabajan en la casa como locas, y si les pagaran el trabajo que realizan en todo el día igualarían (quiero exagerar) o hasta pasarían el sueldo que recibe un hombre en una jornada laboral, pero no logra comprenderlo, quizá es por todos los días que ha visto pasar en su larga vida. De todas formas, ella es la madre de mi padre, mi padre es una gran persona de esa forma puedo inferir que mi abuela es también una gran persona y que quizá aún no la conozco bien.