En casi todas las escuelas en México han llegado las vacaciones, en las primarias todavía les falta una semana, pero casi en todas las de nivel medio superior ya se olvidaron de los cuadernos, los libros y los odiosos profesores.
Aquí los destinos más socorridos buscando lugares cálidos son las playas , aunque este año todo el país esté pasando por un invierno más frío de los que se haya tenido noticias pues los frentes fríos nos persiguen con insistencia y parece que no nos van a dejar hasta febrero. Algunos otros prefieren pueblos alejados de la civilización y recordar en estas temporadas el valor de terminar un año con alguien amado.
Los más, van a visitar a la familia de origen.
Este es un acontecimiento ejemplar (aunque se repita cada año), pues al reunirse la familia (que a su vez consta de más familias, quienes a su vez han iniciado nuevas familias) se forman grupos sociales tan grandes, que bien podrían pasar por el club de fans de algún incipiente cantante. En estas reuniones se dice que lo primordial es reunirse con la familia, pero lo que ocupa las mentes de todos es el festín que se darán al probar los deliciosos manjares que se preparán en dicho evento. A veces de solo pensar en los romeritos de la abuela, la famosa ensalada de navidad de la tía que sigue soltera (y usando ropa interior roja cada fin de año), o el exquisito pozole que sólo mamá sabe hacer, es el motivo por el cual pedimos a gritos que se acabe el año para ir a casa de la abuela.
Y es que allí, además de comer deliciosamente, nos olvidamos de todos los pesares que sufrimos durante todo ese lapso que consta de doce meses. Harémos un esfuerzo por olvidarnos de nuestra gastritis, de los nudos que se nos han hecho n los hombros por el estrés, y por fin dirémos:
¡Adiós reuniones con hombres importantes, adiós citas con el médico, adiós tareas insuficientes, hola placeres de dioses.!
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